Boletín manos abiertas

NUEVO AÑO 2018

Iniciamos una nueva etapa en la vida, un año nuevo, una oportunidad más, para hacer un alto y detenernos para mirar cuál es nuestra misión, cuál es el plan de Dios para cada uno de nosotros, sabiendo y estando seguros que es un plan de amor o plan de salvación y si ya lo tenemos más o menos claro y si nos hemos adherido o todavía estamos solamente con nuestros planes y creyendo que solamente con nuestras fuerzas, esfuerzos, conocimientos y trabajos vamos a llegar a la meta que  nos espera al final de nuestras existencias.

Acabamos de celebrar la navidad, en donde contemplamos el gran misterio de la encarnación del Hijo de Dios, que se hizo igual a nosotros en todo menos en el pecado, para redimirnos y darnos ejemplo de cómo debemos vivir, haciendo el bien, perdonando y ofreciendo la vida por los demás, por lo cual el Papa Francisco nos dice que otra vía para alcanzar la santidad, es el ofrecimiento de lo que tenemos que vivir cada día, sabiendo que Dios lo permite y Él mismo hace que sea para bien de los que lo amamos y aceptando por amor a Dios, las circunstancias de cada día y la muerte es decir el momento en que nos llame a su presencia con la misma serenidad con que aceptamos la vida, así que el esfuerzo es de un día, el día de hoy, pero todo eso es posible no por nuestros méritos que son regalo de Dios, sino por la ayuda de Dios que es La Gracia que nos da igual para todos y que está en nuestra libertad el aceptarla y acogerla o el rechazarla, pues si la aceptamos y pedimos la ayuda de Dios Él por su Misericordia nos ayuda, pero si por el contrario la rechazamos y no pedimos su ayuda, Él permitirá que nuestro corazón se endurezca más cada día y obra por Justicia.

Recordemos como nos dice san Agustín, que somos peregrinos en esta “ciudad terrena” y que la meta está en la “Ciudad de Dios”, para que caminemos con los pies bien puestos en la tierra, pero nuestros ojos y deseos puestos en el cielo, y que somos “mendigos” de Dios, por lo cual tenemos que pedirle diariamente su auxilio, su Gracia, su Espíritu Santo, su protección, la fe, esperanza y caridad, pues no nos obliga a recibir todo lo bueno que nos quiere compartir y por eso debemos pedirlo en la oración.

Que este nuevo año 2018, sea para todos, el mejor año vivido para Dios y de su mano, avancemos conscientemente cada día a esa Casa del Padre o como nos dice el Papa Francisco a recibir el “abrazo de Dios”, bajo la protección de MARIA MADRE DE DIOS, que es con esta fiesta con la que iniciamos el año y así será verdaderamente un FELIZ AÑO 2018.